0º: Prólogo
La teoría del eterno retorno de Nietzsche dice así:
“Como en una visión lineal del tiempo, los acontecimientos siguen reglas de causalidad. Hay un principio del tiempo y un fin… que vuelve a generar a su vez un principio. Sin embargo, a diferencia de la visión cíclica del tiempo, no se trata de ciclos ni de nuevas combinaciones en otras posibilidades, si no que los mismos acontecimientos se vuelven a repetir en el mismo orden, tal cual ocurrieron, sin ninguna posibilidad de variación.
La idea de eterno retorno se refiere a un concepto circular de la historia o los acontecimientos. La historia no sería lineal, sino cíclica. Una vez cumplido un ciclo de hechos, estos vuelven a ocurrir con otras circunstancias, pero siendo, básicamente, semejantes.”
Mirad el mandala que he dibujado:

El punto negro situado en la parte superior es el nacimiento. Los círculos son la vida. Lo he dibujado imperfectamente porque la vida, a pesar de estar perfectamente calculada, sigue siendo imperfecta, y los hechos que forman parte de una misma acción son aleatorios, aunque el resultado ya haya sido planteado.
Partimos del punto negro y nos adentramos en líneas circulares. Podemos elegir entre izquierda o derecha, y cada una de sus bifurcaciones. Es un error pensar que no podemos volver atrás, porque sí que se puede, pero no ahora, más adelante, por medio del eterno retorno, sólo que no de la forma que nos gustaría, sino de un modo más testimonial. No hay ninguna forma de cambiar el pasado, pero sí de arreglar el presente. El futuro siempre será impreciso. Podemos pensar que aprendiendo de nuestros errores elegiremos correctamente, pero siempre hay factores externos más fuertes que el poder de nuestras decisiones.
Los factores externos: Son las líneas rojas y azules. Las rojas son los infortunios (mala suerte, desgracias, malas compañías, daño, enfermedades, pérdidas, etc). Las azules son las buenas. Son muchas menos y más difíciles de encontrar, por lo tanto el còmputo de factores que determinan situaciones malas es mucho mayor que el cómputo que determinan situaciones buenas.
Para avanzar por los círculos de la vida es necesario atravesar franjas rojas. Pero no son dañinas del todo, pues por medio de ellas podemos ver que llegamos a otros círculos concéntricos más profundos. Es lo que se llama aprender de los errores y crecer. La encrucijada aumenta. Hay muchos más caminos de la vida, y las líneas rojas son enormes e interminables. Si te pierdes en ellas acabarás fuera del círculo. Hay que saber qué camino tomar para llegar más y más adentro, hasta el centro del círculo. También puede verse que algunos intrincados caminos pueden llevarnos a la senda azul. Mantenerse en este camino es lo más complicado del asunto, pues es corto y traicionero.
El centro del círculo es el final de la vida. El gran punto azul es la felicidad total que buscan los hombres a lo largo de su vida. Sin embargo está rodeado por un cuadrado rojo. El hombre se lanza a los brazos de la felicidad y se quema en la desgracia. Es el punto clave de la existencia. El hombre muere en lo rojo y alcanza el nirvana en lo azul. Es el nuevo comienzo, el eterno retorno. El punto azul te devuelve al negro, tira los dados otra vez.
Y el hombre Uróboros asimiló todos esos conceptos, dio las gracias al teorizador y salió de la habitación. Una vez en las líneas concéntricas de su vida, caminó indistintamente por negras, rojas y azules, recorriendo todos los caminos posibles, intrincándolos entre ellos, saltando de vía en vía, deteniéndose a orinar en cada recoveco. Una vez hubo acabado, sacó sus garras para hacer pedazos las líneas, desplegó sus alas y voló a través de las distintas dimensiones espaciotemporales. Primero lo hacía por macabra diversión, pero con el tiempo tuvo que admitir ante si mismo que sus revoloteos eran pura desesperación.
El aburrimiento y la desesperanza le hicieron detenerse y pensar una estrategia. Claro, por qué no. Aquella ciudad parecía un buen lugar de descanso y redención como todos los anteriores, y además le resultaba extrañamente familiar. Quizás, tras tanto tiempo volando, había regresado a su hogar. No perdía nada por probar, al fin y al cabo. Así que el hombre Uróboros agarró la verdad absoluta en una mano, la razón en la otra, e inició el descenso a la tierra frotando obscenamente su cuerpo de serpiente contra el tiempo. Le gustaba follarse al tiempo. Le hacía sentirse muy superior. Lástima que en la ciudad no podría permitirse demasiados excesos metafísicos. Tenía, para qué ocultarlo, ganas de actuar como un ser humano por un tiempo. Aun recordaba como se hacía, aunque hiciera décadas, tal vez siglos, que dejó de ser uno de ellos.
La ciudad se abría ante él con la mirada de una tramposa última oportunidad. Las luces le sonreían, pero las sombras de las calles le hacían muecas amenazadoras, los montículos verdes de vegetación le gritaban y el tembloroso arroyo le pedía ayuda entre murmullos. ¿Y las personas? Seguramente cosecharía las mismas reacciones. En su aterrizaje, el hombre Uróboros tembló por primera vez en dos siglos. El estremecimiento, en una versión actualizada, casi turbó su concentración al tocar tierra. Una de las ventanas encendidas, ubicada en cierto edificio, le había resultado demasiado familiar. Más de lo habitual.

mikel dijo:
octubre 25, 2009 a 6:36 pm
La teoría de los círculos de la vida la has rescatado de antes, no? Cómo te gusta el reciclaje >:)
uroboros87 dijo:
octubre 25, 2009 a 6:50 pm
Hola y bienvenido a Painville. Pues sí, esa teoría tiene ya más de un año (sugerida tras la primera vez que ví Eternal Sunshine of the Spotless Mind) y es la mejor forma de explicar la filosofía del personaje y de mi historia.
¡Gracias por comentar!
Rado dijo:
noviembre 6, 2009 a 8:02 pm
No tengo palabras para descrivirlo, Realmente impresionante, la teoria me ha dejado pillado.
buenos dias escursionistas! dijo:
noviembre 20, 2009 a 9:58 pm
esta bastante bien, pero ..le gustaba follarse al tiempo?? ke fuerte no?? jeje aver si mañana me eleo el segundo