3º Charlie

octubre 25, 2009 at 6:07 pm (Uncategorized)

He nacido en el año de la miseria, pero lo que estoy viendo este año pulveriza cualquier récord. Las personas viven sus vidas expuestos a la destrucción y no les importa nada de nada. No es que vaya a haber un ataque nuclear, ni mucho menos. La gente vive en paz con su propia miseria y en guerra con la de los demás, y eso me saca de quicio. Los veo, porque vivo en una colina. Mi casa se eleva, exactamente, sobre una colina desde la que veo toda la ciudad, y he ahí el por qué de mi desánimo. Crueldad es lo que les hace falta. Más crueldad y más amargura en sus vidas, y no volverán a ser tan ruines con su prójimo. Lo sé, porque lo he comprobado. Tanto en persona como desde mi buhardilla.

Pese a que estoy bastante aislado, me gusta este sitio. Es mi casa, y en ella hago lo que me da la gana. Mi casa es un castillo. Tiene una perfecta torre acabada en punta, erigida apuntando al cielo, y vista desde la ciudad, asusta. Los vigilo desde las alturas. Para ello dispongo de todo el tiempo del mundo, aunque algunos digan que se me está acabando. Son unos insensatos con el corazón oscuro, la lengua fácil y el cerebro goteante. Yo no tengo el corazón oscuro. Puede que no todos los sentimientos que tenga dentro sean buenos, pero los tengo todos claramente identificados. Para mí, un corazón oscuro es el que no se aclara con lo que lleva dentro en ninguna dirección, y eso nunca es bueno. Hay que tener claras las ideas, los pensamientos, y los sentimientos en todo momento. Y la única forma es el conocimiento y la experiencia. Si no te interesa, véte. No me interesas tú a mí, si no compartes mi criterio. No me hagas perder el tiempo.

Nunca pierdo el tiempo, porque me sobra. Mi ocupación es estar en mi buhardilla, oteando y escribiendo. Me gusta considerarme el vigía y a la vez el escriba de una tripulación de la que soy el capitán. No necesito más camaradas. En el piso de abajo, y a veces en el intermedio, y alguna que otra vez en este de arriba, me cruzo con algunas personas. No hay mucha relación ni es necesaria. Ya ni recuerdo sus caras, no me detengo tanto tiempo a mirarles. Mi imagen suya es la de sombras fugaces, como imagino que la mía para ellos. Oh, no es que sea siempre tan prepotente. Sólo me pasa cuando escribo. Sí, escribo. ¿Quieres un autógrafo? ¿No? Zorra.

Escribo por mí mismo, en principio, y además colaboro con una asociación teatral de la ciudad, escribiéndoles guiones. Me gusta cuando los representan. Me gusta ver mis historias puestas en acción, y a jóvenes damas interpretando a mis heroínas. Cobro por ello, claro. Mi sustento es ése, no tanto como me gustaría, pero en base a mi esfuerzo es bastante adecuado. Me alimenta la cuenta bancaria y el ego, voy servido.

Lástima que escriba tanto sobre mí. Es demasiado enrevesado y con pocos visos comerciales, pero es sobre lo que más me interesa escribir. Puede sonar triste, pero no conozco personajes más interesantes que yo. Escribe sobre chicas, me dicen. Van listos. He escrito mucho sobre chicas, más que mucha gente, ya que he pasado varias veces por todas las escalas de la fijación afectuosa por otra persona, y ahora soy bastante nihilista respecto a ese tema. Me trae sin cuidado. De vez en cuando cedo, sí, y escribo algo como “Dos centinelas erguidos”, que es una pastelada de narices. Ya os lo enseñaré. Tengo una voz en mi interior que clama chorradas valerosas sobre ese artículo. Está en su derecho de ser sentimental, pero si eres sentimental eres débil y expuesto a la destrucción como todos los demás. Hay de todo, listos y tontos, pero todos son débiles, incluso los fuertes. Les falta perspectiva, y a mí me sobra.

Hace tiempo escribí un guion sobre ellos. El único que no ha sido representado después de ser escrito, pero sí antes. Vale, me tomé ciertas licencias, pero en esencia tenía el mismo espíritu y contaba hechos históricos importantes. No estaba demasiado bien escrito, pero eso no me preocupaba, pues no lo escribí por arte. Tuvo mucha importancia, repercusión y, eso me enorgullece, polémica. Acabaron prohibiéndolo. Me sentí muy bien al cabo de un tiempo por eso, porque me habían censurado. Eso debía cabrearme, y al principio lo hizo, pero comprendí que me lo habían censurado por miedo y porque podía encender mechas. Yo no había escrito un guión. Había creado fuego sin piedras, con letras. ¿En qué posición me deja eso con respecto a esta ciudad? No sé cuantos recuerdan su existencia, pero creo que aun gozo de cierta reputación. No es que me prodigue mucho por ahí abajo, pero de vez en cuando me doy vueltas para saludar a conocidos, inspirarme, ir a conciertos, esas cosas. No negaré que estoy demasiado tiempo al ordenador, pero en él escribo y me culturizo. ¿Cuántos pueden decir lo mismo?

…y así sigue varias veces.

Hoy tengo un punto rojo en el ojo derecho. Hacía algún tiempo que me venía doliendo, pero hoy lo he visto materializarse por fin, navegando cerca de la pupila. Es como un pinchazo desde dentro. Si persiste supongo que tendré que tomar medidas como acudir al oculista tras tanto tiempo, pero por el momento no me disgusta. El dolor me ha recordado que debo tomar más el aire de vez en cuando y mirar la ciudad con la ventana abierta. Hago eso. Tocando el viento, intento mezclarme en esencia con ella, dejando atrás los resentimientos sociales, y trato de ser uno más.

El punto tiene mejor aspecto. Mejor aspecto en el sentido de que se ha hecho un poco más grande y veo algo borroso, pero sigue sin ser problema. El viento que sopla cerca de mi torre no ha sido suficiente para curarlo, pero de ahí a que la mancha roja se extienda inexorable por mi iris y me coma la pupila queda bastante tiempo. Me gustaría ver como pasa eso, en serio. No quiero decir en mi ojo, necesariamente, pero sería divertido. Tal vez escriba algo de eso en un guión. Sería Lynchniano. Me lo imagino, una pupila siendo enfocada eternamente titilar mientras la sangre la va cercando. Al final la serie bate todos los récords de audiencia. Así tendría que ser siempre.

Vamos a ver: claro que no me es indiferente quedarme sin ojo. Pero por el momento no hay que preocuparse, y me he merecido el punto por tanta exposición a la pantalla. Lo he captado, saldré más a menudo ahí fuera. Eso, a estar expuesto a los raros.

He salido de casa y he ido a dar un paseo por la ciudad. Es inaudito, apenas me ha reconocido nadie. Sólo la dependienta de la librería donde he hecho acopio de existencias, quizá porque soy de sus mejores clientes. Suelo ir cada seis semanas, más o menos, y me mantiene informado de los movimientos culturales de Painville. Los hay, claro. Que mucha gente sea algo burra no quita que sigan existiendo vestigios de lo que hubo una vez. Ya os contaré algo de eso si viene a cuento. Como me ha dicho, las ventas de libros han aumentado favorablemente, y eso siempre está bien oírlo. Le pregunto si ha detectado raros, y bromea diciéndome que tiene uno delante. Tardo en entender que lo dice por mí. Le explico lo que me pasa en el ojo y ambos reímos levemente. No lo ha hecho con malicia. Quizá no compartamos el mismo abanico que queremos abarcar con la definición de “raros”. Para ella, yo también entro, y somos los intelectuales que compramos libros en masa, hablamos lento y filosofamos mientras nos acariciamos el vello facial. Puede ser, pero eso no tiene nada de malo. De hecho, somos más interesantes que el resto.

Le sonrío, pago mis compras y me dirijo lentamente hacia la salida, disfrutando del olor a libro que está impregnado por toda la tienda. Me cruzo en la puerta con un raro. ¿De qué probeta se ha solidificado semejante ser? Abrigo largo, embozado entero, hasta el cuello. Barba y pelo frondosos, y sombrero de pico. Apenas deja entrever los ojos, entecerrados. Me mira y los abre ampliamente durante un segundo. Uno rojo, otro normal. El rojo tiene todo el iris de ese color. Por fin termina el segundo y deja de mirarme. Salgo de la tienda, asombrado de no haberme quedado paralizado. La mezcla definitiva entre un hampón de novela negra y un pirata sanguinario ha sido creada. Debo escribir sobre ello. Debo hacer muchas cosas, como alejarme. Soy consciente de que he dejado sola a la dependienta, una de las pocas personas que me sostiene la mirada y la palabra en la ciudad, pero mi sobredimensionado ego se me ha llevado por delante mis instintos de protección.

Corro por las calles. Debe de ser otoño, porque los árboles están bastante calvos y algunos están muriendo. Puede ser que haya algo que me preocupe, pero ahora no tengo tiempo de decidirlo. Veo algún raro más merodeando por ahí. Más de uno. Vuelven a ser cruces de piratas y gángsters, de Barbanegra y Dillinger, quién sabe si con más peligro. No llevan armas a la vista, pero seguro que las tienen. Debo correr mucho más rápido.

Mi ego ha vuelto a confundirme, pues ninguno me ha perseguido. Estoy resollando, apoyado contra una pared aleatoria. La calle también es aleatoria. No hay rastro de raros. ¿Qué son? Quizá debería explicarlo, pero solo puedo hablar de mi concepto de ellos. Antes de hoy, para mí no eran más que agentes del Caos, como los llama Stephen King. Ser agente del Caos no es malo, porque es una entidad aparte del Bien y del Mal. Simplemente son los que hacen que pasen las cosas más interesantes, y creo que son absolutamente necesarios. Es como si la vida en Painville fuese una línea recta llamada ABURRIMIENTO y el caos la golpease por debajo creándole abolladuras variables e impredecibles. Así había sido hasta ahora, pero de forma controlada. Un raro se encargaba de una cosa y a los tantos meses otro raro hacía otra… nada por lo que preocuparse demasiado. Pero esto es nuevo. Esta gente tiene una pinta de caótico maligno que tira para atrás, y son varios. Más de dos, al menos. Más de dos actos caóticos a la vez, cada uno tirando de un lado, desestabiliza cualquier cosa. Incluso a mí. Joder, como me arde el ojo.

Ahora toca correr de vuelta a la torre, tuerto y con miedo. He descansado, pero no me atrevo a correr demasiado. El camino es largo, hay que atravesar unas cuantas calles y no es que estén vacías. No es ya solo que haya raros, es la gente normal. No me gusta que me miren como a un raro más. Puede que no sea el más normal, pero no soy de ellos. Y si algo se está gestando entre ellos, y empiezo a pensarlo, no me conviene que crean que formo parte de lo que sea. Así que avanzo de punto a punto ocultándome en cada sombra en cuanto puedo, y las personas que me ven no parece que me reconozcan. Recorro bastante tramo entre calles de esta forma. Cada vez tengo menos sitios en los que parapetarme y ya me ha visto bastante gente, que me miran como a un sólido probetéico. Algunos, maldita sea, me han reconocido. Al menos no son raros. Da lo mismo, me hablan. Me chillan. Me persiguen. Me echan cosas en cara. Ahora ya no me escondo, pero no es el momento de enfrentarme a la gente porque he divisado abrigos largos entre la multitud. Corro en campo abierto, chocándome entre personas, mirando atrás y adelante. No tienen piedad. Me insultan, me llaman hijo de puta, traidor, prepotente. Egocéntrico. Me acusan de reírme de todos ellos, de escribir sus intimidades y publicarlas. De insultarles a sus espaldas, de creerme puto Dios de los mortales, de ganar dinero con sus miserias. Me tiran piedras. De haber nacido en el año de la miseria y de hacer caja de eso. Entre tanto insulto, varias piedras me aciertan, pero no caigo. Antes me meto desnudo en una piscina con pirañas que quedarme parado antes los raros. Ya sangraré y me quejaré cuando esté en casa.

Sin darme casi cuenta, he salido de la ciudad y estoy en la colina camino al castillo. Ya nadie me persigue. Imagino que he debido dejar algún rastro de sangre, porque el brazo hace su labor. Me escuece y me duele, y maldigo mientras me cojo la herida y subo por el camino de tierra hasta encontrar los peldaños excavados en la piedra. Tropiezo un par de veces, pero no llego a caer de rodillas hasta estar en el camino de gravilla, enfrente del castillo. Dejo sangre marcada, pero aquí da igual porque nadie puede entrar. Es mi puta aldea irreductible. La punta de la torre brilla cuando me alzo frente al portón principal. Empieza a anochecer, y la luna se sitúa desafiante encima. Si quisiera te rompía en pedazos. Se creen que… Bah. Jodidos ignorantes. Ya les caerá algo encima.

Estoy en el castillo. Mis sirvientes me vendan la herida y curan las magulladuras. Llamo a las sirvientas para que me quiten la ropa sucia y me pongan la limpia y cómoda. Mi pijama y bata de casa, por supuesto, es de suprema calidad. Las sirvientas me traen la cena y se retiran. Podría coger a cualquiera y hacerle lo que me diese la gana, y seguirían estando aquí. Hoy no me apetece. Hace mucho que no. Creo que nunca lo he intentado con ninguna de ellas, pero sé de mi éxito. De todas formas, soy el rey del castillo, no merezco otra cosa. Estoy en mi salón, junto al fuego, cenando solo en una larga mesa de banquete medieval, y estoy ante el fin. Puedo verlo desde aquí. El final de todo tendrá lugar en este escenario. Todo el mundo es un escenario, dijo Sir William, y luego lo cantó Rush. All the world’s a stage. Puedo escribirlo y representarlo, pero prefiero ayudar a causarlo. Me han hecho daño, se han metido conmigo, me han perseguido como a un marginado cualquiera. Voy a hacer que la luna se les caiga encima, esa luna negra e hinchada que flota como un globo sobre mi torre y que si se descuida voy a pinchar. Voy a divertirme. Voy a ser cruel, y eso me va a hacer ser aún más interesante al brillo de sus ojos. Al son de sus alas. Haré que se arrepientan. Y luego sonreiré con el ceño fruncido, en una pose de venganza maquiavélica que hará estremecerse a los demonios que me observan, los hará hincarse de rodillas y llorar hasta que llenen el suelo de agua con sus lágrimas y se desprenda toda la mugre que se ha creado en Painville. No me importa el resto del mundo, ni siquiera tengo evidencias de que exista. Voy a sonreir con los dientes fuera hasta que mis comisuras se extiendan como una cuchilla por mi cara y lleguen a mis ojos, y espero que se lleven por delante el ojo malo, porque vuelve a dolerme como un hijo de puta.

Acabada la cena, no queda más que encaminarse a mi alcoba a descansar, conspirar, y puede que escribir algo. Preparo un pequeño susto para las personas que viven en el castillo. Por la mañana me reiré, seguro. En mi habitación, vuelvo a mirar a la luna. Miro la pantalla del ordenador. Encendidas, ambas son blancas. Cuando apago la pantalla, que se pone negra, la luna se percata de que la estoy mirando desafiante y también se pone negra. Quizá por envidia, quizá por llamar mi atención. No se pone roja. Eso quiere decir que al menos hoy no ha muerto nadie. Hay que tener mucho cuidado con los raros. Mucho cuidado. Tengo que mirar noticias de la ciudad a ver las cosas que van pasando, porque sé que algo traman. No debería preocuparme tanto, ¿o sí? Después de todo, soy yo el que quiere causar problemas. Pero no contra los raros. Jamás me enfrentaría a ellos. Bah, debo ser consecuente conmigo mismo. Si quiero armar jaleo, tengo que buscar mi método de forma que no interfiera con las acciones de los raros, y para eso tengo que investigar. Pinta genial. Me calaré mi sombrero, mi abrigo de invierno con las solapas alzadas, y me mezclaré camuflado como un raro, pero por mi cuenta. ¡Que alteración de estados de ánimo! Debe ser provocada por la excitación por el misterio y el riesgo. Y la venganza, claro. Si trazo un plan estratégico, puedo salir muy beneficiado. Debo pensar en todo esto, mas ahora debo dormir. Me encamino a la cama, despojándome de la bata. En ese instante me doy cuenta de dos cosas. Una, que el estado de excitación también afecta a mi libido. Voy a ir a por una sirvienta, definitivamente. Ya basta de castidad. Hace mucho que no tengo nada con ninguna chica de la ciudad. Ha pasado demasiado tiempo, las relaciones se han enfriado, y sinceramente y por mal que suene, ahora lo único que me van a hacer en la polla es sudármela. Ninguna ha sido tan importante como para pensar en ella con más órganos, no digamos cerebro. La segunda cosa de la que me acabo de dar cuenta es que se me ha olvidado llevar la cena a la celda del prisionero. Nunca debería dejar de hacerlo, pese a que tiene motivos para ser prisionero. Evalúo la situación y decido ir primero a por la sirvienta. Creo que elegiré a Lilly. No sé si me hará falta preguntar antes, pero creo que un agarrón con tirón que le rasgase el vestido sería más que suficiente. Y no haría falta hablar mucho. Dejará que la penetre casi con total seguridad, pues todas ellas me desean. Si no. ¿de qué iban a ser mis sirvientas? Me dirijo escaleras abajo al cuarto donde duermen. Después de divertirme iré a preparar la cena de Charlie. Al fin y al cabo, puede esperar. Total, el prisionero tiene mucho tiempo.

*****


Todavía no sé como voy a escapar.

Creo que el malditismo es necesario. No es algo como para condenar a alguien, pero hace falta una estadística que viva bajo ese influjo. La fragilidad no se escoge, te escoge ella a ti, y te forjará a su manera. No es algo que sea lo más apetecible, pero te forma un aura interesante. Lo pasarás peor, sin duda, pero de eso trata ser maldito. Te pasearás por las calles como un fantasma y la gente te abrirá paso, te atornillarán al suelo con sus pecados, y cuando mueras te elevarán a las alturas como a un mesías moderno. No sé en qué punto estoy.

Mi oscuridad es latente, pero nadie aquí puede sentirla, porque no hay nadie aquí desde hace mucho. La prisión es fría y omnisciente, pues no hay nada que pueda hacer sin que Él lo sepa. Hace tiempo que no nos vemos. Cuando me trae la cena no me mira. Ni yo a él. Cosas del ojo, le escuece demasiado cuando intento ver más allá. No es que yo me haya quedado ciego de puertas afuera. Si me esfuerzo alcanzo a ver algo de lo que pasa en el mundo exterior, pero estoy demasiado lejos y cada vez más. Me da igual, en realidad. No me da igual. No lo tengo claro ya. Todos los demás lo hacen, o lo hacían, pero yo ya no. Tenerlo claro. Todo lo que me queda saber es que esto se hace más pequeño y Él más grande. Y el tiempo estimado se va agotando. Todavía no sé como voy a salir.

Creo que el malditismo es necesario.

Ray Loriga lo sabía y por eso escribió Héroes. Cuando lo leímos pensamos que podíamos hacerlo mucho mejor, pero al fin y al cabo Loriga no hizo otra cosa que escribir sobre sus fantasmas y ganó nosecuantos premios. Además, amó bastante tiempo a Christina Rosenvinge. Me gustaría hacer las dos cosas, aunque no descarto que Él pueda conseguirlo por su cuenta. Se cree demasiado omnisciente para eso, y no dudo que lo intentará.

Se me ha acabado la música, me han quitado el proyector y me han quemado los libros. Esta tortura pretende secarme por dentro, lo sé. No puedo permitirlo por más tiempo, pero tampoco puedo impedirlo. No sé hasta que punto quiere llegar, y si es consciente de lo que hace. No puede querer matarme. Al fin y al cabo, hemos estado juntos demasiado tiempo.

No sé de lo que estoy hablando.

Sí lo sé, y por más que me mantenga aquí no voy a olvidarlo, porque es lo único que puede hacerme resistir. No tengo nada sobre lo que jurar que no voy a rendirme, pero al menos la incertidumbre juega de mi lado.

Puedo ver cosas de vez en cuando. Aun me queda algo de alcance perceptivo, y sé que algo está pasando ahí fuera y que Él tiene miedo, aunque no se lo reconocería a nadie. Veo cosas. Una invasión de tipos raros. Un enorme cartel de peligro en luces de neón colgando del cielo. Un ejército de secuoyas. Un mínimo esfuerzo de alguien con mentalidad de héroe. Otro que está perdido y pide ayuda. No soy yo. No lo creo. Veo una serpiente gigante que se muerde la cola. Está sangrando.

Creo que el malditismo es necesario. Antonio Vega lo sabía, y vivió más tiempo muerto que vivo. Hizo públicas a la vez su fragilidad y su oscuridad, y todos se acordaron de su fragilidad y olvidaron su oscuridad. Una estrategia cobarde, si se me permite. No hay que dejar de lado la oscuridad, pues es de donde provienen todas las cosas. Es donde estoy preso. Como Antonio lo estaba.

Hoy ha muerto Antonio Vega. Me he enterado por mis medios. Un minuto de silencio sería lo adecuado, pero aquí no tiene mucho sentido. Todo es silencio eterno. A Dante me gustaría ver en esta situación.

Todavía no sé como voy a escapar.

Advertisement

1 comentario

  1. vlanq dijo:

    Charlie me recuerda a alguien y no sé a quién… 8O
    Éste es, de todos los capítulos que llevo leídos, el que está escrito de una forma más personal. Creo ver ideas que he leído en alguno de tus artículos.

    Ya leeré el resto otro día.

    FIN DE LA TRANSMICION

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.